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domingo, 17 de abril de 2016

Terremoto 16 de abril de 2016, una noche que marcó un antes y un después en Ecuador.


Eran cerca de las 7 de la noche de un sábado que no sería como cualquier otro, me dirigía a celebrar el cumpleaños de una amiga cuando el bus en el que iba empezó a mecerse de manera inusual y hacia afuera de las ventanas se veía gente arrodillada, otros corrían con el miedo en sus rostros algunos se quedaban en grupos como buscando protegerse entre ellos.


Es un temblor! Escuché a mis espaldas mientras aun confundido veía como se mecían edificios y la ciudad o al menos por donde me encontraba quedaba inmersa en la oscuridad de la noche, la gente que iba en aquel bus empezaba a invocar a Dios, algunas señoras se persignaban, otras decían con voces asustadas la sangre de Cristo tiene poder y no faltó el que dijo -es un castigo divino por las acciones del hombre... cualquiera que fuere el caso y descarto este último ya que pienso que si la tierra tiembla no es castigo divino sino la única responsabilidad del hombre y su mala justificada evolución y sus  métodos de urbanización que jamás contemplaron que la tierra siempre debe ser primero solo por el hecho que es donde vivimos y podríamos vivir por muchos años mas sabiendo existir con ella, no sobre ella como se nos ha enseñado desde el jardín de infantes pero bueno esto es un tema que dedicaré en otro post siento haberme desviado y emocionado pero cuando es con la tierra es con mi existencia absoluta ya que vivo en el mismo lugar que tú mi estimado lector... 





Volviendo al terremoto que sacudió al Ecuador esa noche del sábado 16 de abril justo en ese bus que iba camino a la alborada pude percatarme de que; ¨todos absolutamente todos¨, tenemos fe cuando estamos cerca de la muerte, o al menos cuando sentimos la incertidumbre de si ese será nuestro último día con vida. Dudé si quedarme en el bus era más seguro que bajar o bajar era más seguro que quedarme sentado en el asiento en el que me encontraba decidí quedarme, puesto que pasado casi un minuto dejó de sacudirse el bus y la gente que pude ver fuera de las ventanas del bus sonreían y elevaban sus miradas como agradeciendo a Dios porque ya había parado de temblar la tierra, el bus siguió su marcha ya que olvidé mencionar que éste se había detenido frente a un semáforo que estaba en luz roja y yo había supuesto que se trataba de algún truco o de un malabarista callejero colgado de una cuerda floja en el poste del semáforo que se movía antes de percatarme de que era un temblor.


La ciudad de Guayaquil quedó incomunicada por un tiempo aproximado de dos horas cuando en redes sociales se empezaban a ver los estragos de aquel fatídico movimiento telúrico, se supo que el epicentro había sido en la localidad de Jama ubicada en la costa norte de Manabí.

Una noche que quedará marcada en los corazones y mentes de todos los ecuatorianos.

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